Fecha de publicación: noviembre 2007
Redactado por Instituto de Enfermedades Prostáticas
Gilberto E. Chéchile Toniolo
Identificación del
marcador tumoral ideal para el cáncer de próstata
Se define un marcador tumoral como una sustancia producida por un tumor,
que se puede cuantificar en los líquidos corporales y que es útil
en el diagnóstico y en el tratamiento del cáncer. Además,
un marcador tumoral puede ser útil para la detección precoz,
la estadificación, el pronóstico y el seguimiento tras el
tratamiento. En la actualidad no existe una marcador que sea ideal en
todos los contextos; el rendimiento de los diferentes marcadores depende
de aspectos específicos de cada tipo de tumor, como la prevalencia,
la heterogeneidad tumoral y la respuesta al tratamiento.
El marcador tumoral perfecto debería ser elaborado exclusivamente
por las células tumorales y tendría que ser detectable en
cualquier paciente que presente la enfermedad. Si la primera célula
tumoral transformada produjera el marcador, su sensibilidad sería
del 100%.
El cáncer de próstata tiene una prevalencia
elevada como demostraron Sakr et al con 27% en el tercer decenio de la
vida y llegando a 85% en el octavo decenio (1). Si nuestro marcador ideal
identificara todos los cánceres de próstata en el momento
que se iniciaran, se plantearía un problema importante ya que no
es necesario el tratamiento de todos estos tumores; entonces, ¿cómo
separar aquellos que deben ser tratados de los que no deben serlo? La
mayor parte del debate que existe actualmente sobre la utilidad clínica
del antígeno prostático específico (PSA) como técnica
de detección gira alrededor de su posible capacidad para detectar
aquellos pacientes con cánceres tan pequeños y de crecimiento
tan lento que no requieran tratamiento.
El marcador tumoral ideal debería poseer
una especificidad del 100%; es decir, si la persona no presenta cáncer,
el test es negativo. Por el momento no se ha detectado ningún marcador
que cumpla este requisito. La especificidad del PSA se considera buena
si la comparamos con otros marcadores tumorales. La elevación del
PSA es frecuente en enfermedades no tumorales de la próstata tales
como la hiperplasia benigna (HBP), prostatitis aguda y crónica
e infarto prostático. Estos procesos no pueden ser identificados
clinicamente por lo que la biopsia prostática representa el único
medio para identificar a los pacientes con cáncer.
Un marcador ideal debería correlacionarse
con el pronóstico, permitiendo predecir la historia natural de
la enfermedad y su respuesta al tratamiento. El valor pronóstico
debería ser independiente, proporcionando información estadisticamente
significativa incluso al considerar otras variables pronósticas
importantes como el estadio o el grado histológico. Los nuevos
datos que van apareciendo confirman el valor del PSA como marcador pronóstico
independiente antes del tratamiento local (2).
La utilización original de la mayor parte
de los marcadores biológicos fue en el seguimiento de la enfermedad.
Un marcador ideal debería confirmar la eliminación aparentemente
completa del cáncer mediante el tratamiento. También debería
permitir la detección precoz del fracaso del tratamiento, lo que
llevaría a aplicar un tratamiento adicional que diera lugar a una
mayor supervivencia del paciente.
Inicialmente, el PSA fue aprobado por la Food and
Drug Administration solo para el seguimiento de los pacientes con cáncer
de próstata, siendo especialmente útil en este aspecto ya
que son infrecuentes los casos de progresión de la enfermedad sin
que aparezcan elevaciones simultáneas en el PSA. En lo que respecta
a las características del marcador, la obtención del mismo
debe ser tolerada por el paciente. Persiste una controversia considerable
acerca de la estandararización de las determinaciones del PSA.
En Europa, existen más de 50 determinaciones de PSA comercializadas
por lo que las características e incluso los valores normales pueden
ser diferentes con las distintas determinaciones, y los controles de calidad
pueden presentar grandes variaciones. Es de destacar, el elevado rendimiento
del PSA cuando se compara con el marcador ideal. Ningún marcador
podría funcionar al máximo nivel en todos los aspectos de
la detección, la estadificación, el pronóstico y
el seguimiento.
Identificación, localización
y estructura del PSA
Aunque desde el decenio de los sesenta, varios investigadores identificaron
antígenos relacionados con la próstata, no fue hasta 1979
en que Wang et al (3) detectaron un antígeno en tejido prostático
normal, en HBP y en cáncer, y que fue denominado posteriormente
PSA. Mas tarde, este mismo antígeno fue aislado del plasma seminal.
El PSA es producido también por otros tejidos, generalmente andrógenos
dependientes como son las glándulas periuretrales, glándulas
perianales y sudoríparas apócrinas; además en la
mujer se ha demostrado que el endometrio, el cáncer de mama y el
de ovario pueden producir PSA (4).
El PSA es una glucoproteína de cadena única
con una longitud de 237 aminoácidos con un peso molecular de 28430
daltons. El PSA está codificado por un gen denominado hKLK3, regulado
por los andrógenos, localizado en el brazo largo del cromosoma
19 (19q13.2-19q13.4) y que está constituido por 4 intrones y 5
exones, con un tamaño aproximado de 6 kilobases. El PSA se considera
un miembro de la familia de la calicreína humana por su función,
su estructura de aminoácidos y su localización genética.
El PSA es sintetizado como un prepropéptido
de 261 aminoácidos que posteriormente por fragmentación
se convierte en un propéptido de 244 aminoácidos que finalmente
se convierte en la enzima activa de 237 aminoácidos por la acción
de proteasas todavía no identificadas.
Síntesis y función
del PSA
El PSA se sintetiza en el epitelio del acino prostático y en el
epitelio de los ductos. En el interior de la célula se localiza
en vesículas citoplásmicas, en el retículo endoplásmico
rugoso, en vacuolas y en lisosomas. El mecanismo de secreción hacia
la luz del acino es por exocitosis convirtiendose en un componente del
plasma seminal. El PSA alcanza el suero por difusión desde las
células luminales a través de la membrana basal epitelial
y de la estroma prostática, pudiendo atravesar la membrana basal
capilar introduciéndose en los linfáticos. A pesar de las
suposiciones originales en el sentido de que el PSA era un antígeno
con especificidad tisular y especificidad de sexo, los métodos
inmunohistoquímicos han permitido detectarlo en diversos tejidos
y estructuras de la mujer (5).
En el plasma seminal se encuentran proteínas semenoleginas I y
II y fibronectina) producidas por las vesículas seminales cuya
función es la formación del coágulo que se forma
en el momento de la eyaculación y cuya función es atrapar
los espermatozoides. La acción del PSA es la licuefacción
del coágulo seminal mediante la lisis de las proteínas formadoras
del gel con la consiguiente liberación de los espermatozoides.
Formas moleculares del PSA
El PSA no se presenta en el suero como moléculas enzimaticamente
activas sino que forma complejos estables con sus inhibidores. Por otro
lado, puede ser inmunoreactivo (detectable mediante inmunoanálisis
para PSA) o puede estar oculto (no detectable por los inmunoanálisis
actuales). Dentro del grupo inmunoreactivo, el PSA está compuesto
por dos formas moleculares; la fracción más pequeña
(1-30%) se denomina PSA libre y no presenta actividad enzimática.
La otra forma molecular es la del PSA formando complejos con la alfa-1-quimiotripsina
(PSA a-1-ACT) o con la alfa-2-macroglobulina (PSA a-2-MG).
La vida media del PSA total en el suero en pacientes a los que se les
practicó una prostatectomía radical oscila entre 2.2 ±
0.8 días y 3.2 ± 0.1 días (6,7).
Características analíticas
del PSA
A temperatura ambiente el PSA es estable durante 24 horas. Si se conserva
a 4º C disminuye un 10% a los 7 días y un 15% a los 21 días.
Cuando la muestra se almacena a -20o C o -80º C disminuye 10% a los
9 meses (8).
Variaciones fisiológicas
del PSA y alteraciones producidas por manipulaciones y enfermedades de
la próstata.
Las cifras de PSA total presentan variaciones fisiológicas no circadianas
producidas por la actividad física que pueden llevar a interpretaciones
erróneas (5). Las variaciones en el PSA total y en el libre fueron
cercanas al 14% (9). Stamey et al (7) observaron que el nivel sérico
de PSA disminuía una media de 18% en los pacientes hospitalizados
hasta un máximo de 50%, lo que sugiere que la falta de actividad
física es la responsable del descenso.
En varones menores entre 20 y 39 años la
eyaculación produce un efecto mínimo en los niveles de PSA
sérico. Sin embargo, el efecto de la eyaculación sobre los
niveles de PSA en hombres mayores tiene una importancia especial ya que
en ellos se determina el PSA de forma rutinaria para descartar la presencia
de cáncer de próstata. En varones entre 49 y 79 años,
la eyaculación provocó un incremento en la concentración
de PSA sérico en el 87% de los casos. El mayor incremento se observó
en la determinación practicada una hora después de la eyaculación
y fue de 41% ± 4%. Se observó además, que cuanto
mayor era el nivel basal inicial de PSA, mayor fue la modificación
del nivel de PSA tras la eyaculación (10). En el 92% de los casos
el PSA había retornado a valores basales a las 24 horas y en el
97% de los casos a las 48 horas por lo que se propuso que los hombres
deben abstenerse de la eyaculación durante al menos 48 horas antes
de practicar la determinación del PSA con el objeto de evitar una
falsa elevación del mismo.
La hiperplasia benigna de próstata se acompaña
de incrementos en las cifras de PSA sérico. Además se ha
observado que la retención aguda de orina (RAO) también
produce elevación brusca de los niveles de PSA. Se han observado
elevaciones de hasta 6 veces los valores normales tras RAO en una serie
(11), mientras que en otra los pacientes presentaban valores superiores
a 10 ug/L (12). Estos cambios podrían ser explicados por la presencia
de infartos prostáticos en el 85% de los pacientes con RAO lo que
produciría la liberación de PSA al torrente circulatorio.
La prostatitis ya sea aguda o crónica puede
producir una importante elevación en las cifras del PSA. En un
modelo animal utilizando monos, Neal et al observaron que tras la infectación
de la próstata con E. Coli, certificada por la presencia de cultivo
positivo para ese germen, los niveles de PSA se elevan entre 4 y 20 veces
sobre los valores basales (13). Otros autores analizaron la relación
existente entre los niveles plasmáticos de PSA y la intensidad
de la prostatitis encontrando una correlación positiva con la intensidad
de la prostatitis aguda y la prostatitis crónica activa. Por el
contrario, no observaron correlación entre el PSA y la prostatitis
crónica inactiva.
Varias evidencias sugieren que el mecanismo responsable de la elevación
sérica del PSA en la prostatitis activa se basa en la liberación
del PSA almacenado en las células epiteliales y volcados a la circulación
tras la apoptosis celular por el incremento de permeabilidad vascular
que acompaña a la infección activa.
La elevación del PSA no solamente se produce en hombres con síntomas
de prostatitis, sino que también se observa en los casos en los
que sin presentar síntomas, se detecta evidencia histológica
de infección aguda como son la presencia de infiltrado inflamatorio
en las glándulas acinares y ductales prostáticas (14). Este
hecho alcanza su máxima relevancia en varones en los que se sospeche
la presencia de cáncer de próstata por elevación
de las cifras de PSA, que el tacto rectal sea sospechoso y las biopsias
de próstata sean reiteradamente negativas a tumor. Por lo tanto,
la inflamación subclínica aguda de la próstata podría
explicar la elevación del PSA en algunos pacientes sin cáncer
de próstata detectable.
Las modificaciones de los niveles de PSA sérico
tras el tacto rectal han sido estudiadas por varios autores. Las conclusiones
a las que se llegaron son que el tacto rectal no produce cambios significativos
en las cifras de PSA como para alterar las decisiones terapeúticas.
Thomson y Clejan (15) analizaron el PSA en 2736 varones, antes y después
del tacto rectal, encontrando que en solo 2% de los casos con un nivel
previo de menos de 4 ug/L éste era superior a 4 ug/L después
del tacto rectal. Sin embargo, la realización de un masaje prostático
vigoroso (test de Stamey) puede elevar de forma significativa el nivel
de PSA por lo que se recomienda la extracción de la sangre antes
del test o esperar los 3 días necesarios para la normalización.
La manipulación uretral producida por la
cistoscopia tanto rígida como flexible no altera los valores del
PSA. Por el contrario, se observa una elevación brusca del PSA
tras la realización de una biopsia prostática, explicada
por la alteración producida en la barrera hemático-prostática
con pasaje de PSA hacia el estroma y luego al torrente circulatorio. Oesterling
et al (16) observaron que el PSA se elevaba una mediana de 7.9 ug/L y
que los valores se normalizaban tras una mediana de 15 y 17 días
(rango 5-21 días) en los pacientes en los que se detectó
cáncer o la biopsia fue negativa respectivamente. Actualmente se
recomienda esperar al menos 6 semanas para repetir la determinación
del PSA.
El procedimiento que produce la mayor elevación
en los niveles de PSA es la resección transuretral de próstata
(RTU), con un incremento entre 10 y 53 veces sobre el valor basal según
diversos autores (7,17). Estos valores retornaban al nivel basal tras
una media de 18 días (rango 12-30 días). Las diferencias
en la elevación se pueden atribuir a los diferentes tamaños
de la glándula y al momento en que se realizó la determinación
tras la cirugía. La disminución posterior del PSA es directamente
proporcional a los gramos de tejido resecados. Se recomienda esperar al
menos 6 semanas para una nueva determinación de PSA tras la RTU.
En lo que respecta a los fármacos administrados a los pacientes
con hiperplasia benigna de próstata, se ha observado que Finasteride
(Proscar Ò) disminuye las cifras del PSA en un 50% luego de al
menos 6 meses de tratamiento (18). Esto significa que en los pacientes
que reciben este fármaco el valor de PSA encontrado debe ser multiplicado
por 2.
Recientemente, Brown et al (19) observaron que el alfa bloqueante Terazosina
producía una disminución mediana del 26% en las cifras del
PSA.
Antígeno prostático específico
en la detección del cáncer de próstata
En la actualidad el PSA es el mejor método disponible para la detección
precoz del cáncer de próstata. La American Cancer Society
recomienda que todos los varones mayores de 50 años deban ser sometidos
anualmente a un tacto rectal y a una determinación de PSA total.
En los individuos con antecedentes familiares de cáncer de próstata,
este control debe comenzar a los 40 años por la posibilidad de
presentar un cáncer familiar. Recientemente se ha observado que
la utilización de algunas variantes (densidad de PSA, velocidad
de PSA, rangos PSA/edad, cociente PSA libre/PSA total) pueden incrementar
la detección de cáncer.
PSA total: Considerando
4 ug/L como nivel máximo de normalidad, la detección de
cáncer en voluntarios sanos mayores de 50 años oscila entre
1.5 y 4.1% (20,21). En España, la detección de cáncer
solo con PSA es de 1.3%. El porcentaje de varones mayores de 50 años
con PSA total por encima de 4 ug/L oscila entre 8 y 15%. Sin embargo,
si se realizaran biopsias de próstata en todos ellos, el porcentaje
de detección de cáncer oscilaría entre 11 y 34%;
esto significa que en muchos de esos individuos la elevación del
PSA estaría producida por otras enfermedades prostáticas
como por ejemplo la HBP.
Aunque en el momento actual, el PSA es de gran importancia
en el diagnóstico del cáncer de próstata, el 30%
de los pacientes con este tumor presentan cifras normales (< 4 ug/L),
por lo que la realización del tacto rectal continúa siendo
una exploración fundamental.
Gann et al, (22) han demostrado que los varones
con PSA sérico basal entre 2 y 4 ug/L tienen una probabilidad 12
veces superior de ser diagnosticados de cáncer de próstata
en los 10 años siguientes, en comparación con los varones
en los que el PSA era inferior a 1 ug/L. La detección del cáncer
de próstata utilizando solamente PSA ha llevado a la detección
de un mayor número de casos con tumores localizados en la glándula
lo que conlleva un mayor porcentaje de pacientes potencialmente curables
con la aplicación de un tratamiento, fundamentalmente la prostatectomía
radical. Catalona et al (23) observaron que en 71% de los 6630 casos diagnosticados
de cáncer de próstata utilizando PSA, el tumor no se había
exteriorizado fuera de la próstata.
Velocidad de PSA: Estudios previos han mostrado
que la variación en las cifras de PSA es mayor en los varones con
cáncer de próstata que en los que presentan hiperplasia
benigna o que no padecen ninguna enfermedad prostática. Se considera
que si el PSA aumenta más de 0.75 ug/L entre dos determinaciones
separadas por un año, la posibilidad de que ese individuo presente
un cáncer de próstata es elevada. Menos del 5% de los hombres
sin cáncer de próstata presentarán una velocidad
de PSA mayor de 0.75, mientras que aproximadamente en el 70% de los hombres
con cáncer de próstata la velocidad de PSA será superior
a 0.75. Sin embargo, la aplicación práctica de la velocidad
de PSA aún no ha sido completamente determinada.
Relación PSA/edad: Si consideramos que la próstata aumenta de tamaño al aumentar
la edad en un elevado porcentaje de varones, parece lógico considerar
que no tiene la misma significación un PSA de 4 ug/L en un varón
de 65 años que en uno de 40 años. Entre los 40 y 50 años
de edad, el PSA no debería ser superior a 2.5 ug/L por lo que el
hallazgo de valores más elevados nos debería llevar a la
realización de biopsia de próstata para descartar la presencia
de un cáncer. Entre los 50 y 59 años el PSA no debería
ser superior a 3.8 ug/L; entre los 60 y 69 años no debería
ser superior a 5.6 ug/L y entre los 70 y 79 años no debería
ser superior a 6.9 ug/L.
PSA libre: Estudios
recientes han observado que el cociente obtenido dividiendo el valor de
PSA libre por el de PSA total y multiplicado por 100 es menor en los casos
con cáncer de próstata que en los casos con hiperplasia
benigna o en los que no presentan patología prostática.
La utilización del PSA libre alcanza su máxima efectividad
en las cifras de PSA comprendidas entre 4 y 10 ug/L. Luderer et al (24)
observaron que el 73% de los hombres con cáncer de próstata
presentaban un índice de PSA menor de 0.15, mientras que solamente
el 29% de los pacientes con hiperplasia benigna presentaban dicho índice.
En conclusión en los varones de más
de 50 años se debería realizar anualmente un tacto rectal
y una determinación de PSA. En los individuos con historia familiar
de cáncer de próstata, los controles deben ser iniciados
a los 40 años. En los casos en que se detecte un nódulo
o una zona mas indurada en la próstata, se debería practicar
una biopsia de próstata guiada con ecografía transrectal
y obteniendo tres cilindros de tejido de cada lóbulo. Un valor
de PSA superior a 2.5 ug/L en un paciente de menos de 50 años de
edad debe ser considerado como preocupante y se debería profundizar
en el diagnóstico. La elevación del PSA de más de
0.75 en un año, también es un elemento preocupante que obliga
a realizar mas estudios e incluso una biopsia de próstata.
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