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Fecha de publicación: noviembre 2007
Redactado por Instituto de Enfermedades Prostáticas
Un número de órganos entre los que se incluyen el cuello
uterino y endometrio, el tracto gastrointestinal, la vejiga y el epitelio
respiratorio presentan lesiones premalignas muy bien definidas las cuales
frecuentemente progresan a carcinoma invasor. Estas lesiones pueden ayudar
al clínico a la identificación precoz de tumores invasores.
En los últimos años se han intensificado los esfuerzos para
la identificación de dichas lesiones en los tumores urológicos
sólidos.
La primera comunicación sobre la existencia de lesiones premalignas
en la próstata se remonta a 1926 (1). Desde entonces, varios
autores han demostrado las similitudes que existen entre estas lesiones
y el cáncer de próstata (2-8). Estas lesiones habían
sido designadas de forma diversa: lesión precancerosa, hiperplasia
con cambios malignos, carcinoma in situ, displasia, displasia intraductal
o acinar ( tres grados), próstata preneoplásica, hiperplasia
atípica acinar y neoplasia prostática intraepitelial (PIN)
(tres grados). En Marzo de 1989, la American Cancer Society patrocinó
una Conferencia Internacional de Consenso donde se acordó unificar
la denominación como neoplasia prostática intraepitelial
(PIN) y se recomendó que se subdividiera en bajo y alto grado
(PIN BG y PIN AG) (9). El PIN afecta tanto los acinos como los ductos
y se define como una proliferación anormal con cambios en los
nucleos similares a los que se producen en el cáncer, sin embargo
en el PIN no se produce la formación de nuevas unidades de acinos
o ductos. En 1995, se reunió nuevamente un grupo de expertos
(10) y dentro de las conclusiones a las que se llegó fue que
el PIN AG es el precursor más probable del cáncer de próstata.
Se concluyó además que probablemente el PIN AG preceda
a la mayoría de los cánceres moderadamente o mal diferenciados,
mientras que se observa que raramente se relaciona con los cánceres
bien diferenciados, particularmente con los que asientan en la zona
de transición.
Patología del PIN
Biología molecular del PIN
Aunque las células que constituyen las lesiones PIN AG generalmente
son indistinguibles de las células malignas del cáncer
invasor, estas similitudes citológicas no prueban que el PIN
sea una lesión premaligna. Para entender mejor la relación
del PIN con el cáncer es de gran utilidad comparar las características
fenotípicas y genotípicas de ambas lesiones (1). Los estudios
genéticos de las lesiones PIN son difíciles de realizar
debido por un lado al carácter focal de estas lesiones por lo
que es dificil de obtener preparaciones suficientemente puras de las
mismas; a la ausencia de modelos válidos de cultivo celular;
al lento crecimiento tanto de las lesiones PIN como del cáncer,
lo que hace que el índice mitótico sea bajo (2). Además
existen evidencias que sugieren que las células normales son
seleccionadas in vitro (3). En los últimos años, con la
introducción de nuevas técnicas genéticas moleculares,
especialmente la hibridización por fluorescencia in situ (FISH)
y mas recientemente la hibridización genómica comparativa
(CGH) se han producido importantes logros en el conocimiento de las
alteraciones genéticas del PIN. Por otro lado, la identificación
de áreas con PIN en las laminillas del estudio patológico
ha permitido con técnicas de microdisección obtener material
de esas zona, de las cuales se extrae el ADN, posibilitando el estudio
de marcadores genéticos aplicando la reacción en cadena
de la polimerasa (PCR) (4). Maroulakou et al (5) establecieron un modelo
de ratón transgénico para cáncer de próstata
que desarrolla el tumor dentro del primer año de edad. Como el
desarrollo tumoral en este modelo transgénico es altamente predecible,
permite el estudio de la histogénesis y las alteraciones moleculares
que se producen durante el desarrollo del cáncer de próstata.
Generalmente ha sido posible distinguir entre el PIN AG y el PIN BG
en el ratón transgénico y se han encontrado los mismos
patrones que en el PIN humano. Además, se ha observado que el
carcinoma se desarrolla progresivamente de las lesiones PIN en una manera
muy similar a la que se estima que se produce en el hombre (6).
Los cambios genéticos que se producen durante el paso desde el
epitelio prostático normal al PIN y desde éste al cáncer
invasor, se presentan en la FIGURA Dos elementos se destacan en esa
figura, en primer lugar se observa que la mayoría de estos cambios
se producen en la transición de epitelio normal a PIN y en segundo
lugar, que en todos los casos se trata de ganancias (+), mientras que
en la transición de PIN a cáncer invasor, los cambios
son reducidos y son todos pérdidas (-).
Anomalías cromosómicas
Los cromosomas que han sido mas frecuentemente estudiados en el PIN
son: 1, 4, 7, 8, 10, 11, 12, 15, Y y la técnica empleada ha sido
generalmente FISH (7-12). El porcentaje de focos de PIN con anomalías
osciló entre 12 y 50% y las mas frecuentes fueron ganacia de
los cromosomas 7, 8 y 10 (+7, +8, +10) y pérdida de los cromosomas
10 y Y (-10, -Y). Comparativamente, la incidencia de anomalías
en los focos de cáncer osciló entre 48 y 80% siendo las
alteraciones detectadas similares a las encontradas en los focos de
PIN. En algunos casos, uno o mas focos de PIN contenían mas anomalías
que los focos de cáncer adyacentes, e incluso en algunos casos
las alteraciones del PIN y del cáncer eran diferentes (12). Esta
heterogeneidad genética puede indicar que algunos focos de PIN
tienen una patogénesis divergente o que los focos de cáncer
pueden derivar de otras lesiones precursoras.
Ploidía del ADN
La incidencia de aneuploidía en el PIN AG varía entre
32 y 68% y es algo mas baja que la que presenta el cáncer invasor
y muy superior a la presentada por la HBP y el PIN BG (10,13). En casos
individuales, existe un elevado nivel de concordancia en el contenido
de ADN en PIN y cáncer.
Factores de crecimiento
Son proteinas que participan tanto en el desarrollo normal como en el
patológico de la próstata y su expresión alterada
puede conferir potencial maligno a la célula. En la glándula
normal, las células basales expresan el receptor del factor de
crecimiento epidérmico (EGFR), en cambio, las células
secretorias tienen poca o ninguna expresión (14). La sobreexpresión
de EGFR en el PIN es un hecho infrecuente (15). En lo que respecta al
EGF y al factor de crecimiento transformador alfa (TGFa) tampoco se
ha encontrado expresión diferencial en el PIN (16,17). Recientemente
se ha encontrado que el PIN expresa niveles elevados del producto de
2 genes, c-erbB-2 (p185) y c-erbB-3 (p160) que actúan como receptores
de membrana y que presentan similitud con el EGFR (18). Igualmente,
se ha demostrado que el PIN presenta expresión elevada del factor
de crecimiento derivado de las plaquetas alfa y beta (PDGFa y b) y de
la catepsina D. c-met es un proto-oncogen que codifica la proteina p190
que actúa como receptor del factor de crecimiento hepatocítico
(HGFR). Pisters et al (19) observaron que p190 se expresaba en las células
basales pero no en las células luminales de la próstata
normal. Además, se detectó en el 91% de los focos de PIN
AG y en el 84% de los focos de cáncer. Hasta el momento no se
han publicado estudios concluyentes sobre la expresión de otros
factores de crecimiento en el PIN.
Marcadores de proliferación
Se han realizado estudios con anticuerpos dirigidos contra los antígenos
nucleares de proliferación PCNA y Ki-67 observandose que la fracción
de crecimiento en los casos con PIN era intermedia entre la encontrada
en la próstata normal y en el cáncer (20,21). Estos datos
apoyan la teoría que sostiene que el PIN se encuentra en posición
intermedia en el proceso de transformación neoplásica.
Pérdidas alélicas
En el PIN es frecuente observar pérdida de heterozigosidad (LOH).
Emmert-Buck et al observaron LOH de 8p12-21 en 34 de los 54 (63%) focos
de PIN y en 29 de los 32 (90.6%) de los focos de cáncer (22).
Esto sugiere que las anomalías en esta región pueden ser
de importancia en las fases iniciales del desarrollo del tumor. Se observó
además, que en varios casos en los que existían múltiples
focos de PIN en el mismo paciente, los patrones de LOH eran diferentes
entre los diferentes focos, lo que sugiere que estas lesiones son independientes
y multifocales. Sakr et al determinaron la incidencia de LOH para 8p,
10q, 12p y 16q en los focos de PIN, cáncer bien diferenciado,
foco de cáncer dominante y metástasis en 19 pacientes
con cáncer de próstata estadio D1 (23). En los focos de
PIN, se detectó LOH en 29%, 25%, 20% y 0% para 8p, 10q, 16q y
12p respectivamente. En los focos de cáncer dominante, las cifras
fueron similares a las encontradas en los focos de PIN, mientras que
en las metástasis, la incidencia de LOH para 8p fue similar a
la de los focos de PIN y la de las otras regiones fue menor. La observación
de que la frecuencia de LOH en las metástasis es similar e incluso
menor que en el foco de cáncer dominante, puede indicar que estas
metástasis se originan en otros focos.
Oncogenes y genes supresores
Por el momento no existe ninguna publicación acerca de la participación
de los oncogenes ras en el PIN humano. Sin embargo, en el modelo establecido
en ratones transgénicos, Shibata et al (6) encontraron mutación
del gen H-ras en el 18% de los focos analizados, con transversión
de CAA a CTA en el codón 61. Estos hallazgos sugieren que la
mutación de H-ras puede ser un evento temprano en un grupo de
lesiones PIN. La incidencia de mutaciones en H-ras en los carcinomas
del mismo modelo de ratón transgénico fue de 33%. Jenkins
et al (24) con técnica de FISH utilizaron una sonda específica
para la región de c-myc (8q24) en 25 pacientes con cáncer
de próstata estadio D1. Las alteraciones observadas fueron: a)
ganancia del cromosoma 8 completo (sin aumento del número de
copias de c-myc) en 42%, 25% y 46% de los focos de PIN, cáncer
y metástasis respectivamente; b) incremento intermedio del número
de copias de c-myc en 8%, 11% y 25% de los focos de PIN, cáncer
y metástasis respectivamente; y c) amplificación importante
de c-myc detectado en 0%, 8% y 21% de los casos de PIN, cáncer
y metástasis respectivamente. Además se observó
anomalías numéricas de los cromosomas 7, 10, 12 y Y en
67%, 68% y 96% de los focos de PIN, cáncer y metástasis
respectivamente. Sin embargo, la anomalía mas frecuente en PIN
y cáncer fue la ganancia del cromosoma 8. Esta es la primera
publicación que establece anomalías en el número
de copias del gen c-myc en el PIN.
Varios autores han estudiado la participación del gen supresor
p53, demostrando que lo hace en las etapas tardías del cáncer
de próstata (1,25).
Myers et al (26) encontraron sobreexpresión de p53 en 1 de los
16 casos con PIN estudiados (6%), mientras que Humphrey y Swanson la
observaron en 9 de los 40 casos (22.5%) (27). Estas diferencias pueden
ser explicadas por la utilización de anticuerpos diferentes en
ambos estudios.
En la actualidad, solamente ha sido publicado un artículo sobre
la expresión del producto del gen nm23 en pacientes con PIN y
cáncer (28). Se observó tinción débil a
moderada en el epitelio normal, mientras que la tinción fue intensa
en los 19 casos con lesiones de PIN y en los 39 casos con cáncer
localizado.
El proto-oncogen bcl-2, cuya función es inhibir la apoptosis,
se exprese en las células basales del epitelio prostático,
lo que sugiere que actúan como células de recambio. Colomel
et al (29) y Stattin et al (30) con técnicas de inmunohistoquimica
demostraron que todos los focos de PIN sobreexpresaban bcl-2. Krajewska
et al (31) estudiaron todos los miembros conocidos de la familia de
genes bcl-2 (bcl-2, bcl-x y mcl-1) observando diferencias en la expresión,
no solo entre los focos de PIN y los de cáncer, sino que también
entre los distintos miembros de la familia. Recientemente se ha identificado
la proteina SGP-2 (localizada en el cromosoma 8) que también
actúa como inhibidor de la apoptosis (32). Aunque el mecanismo
de acción no ha sido dilucidado, se postula que esta proteina
es necesaria para la sobrevida celular y que la deplección prolongada
de SGP-2 intracelular llevaría a la apoptosis. Steinberg et al
(33) observaron expresión de SGP-2 en tejido prostático
normal (tinción muy debil), PIN y cáncer, con incremento
en la intensidad de tinción a medida que se incrementaba el grado
de Gleason. La tinción de los focos de PIN fue moderada e intensa
en el 37% y 50% de los casos respectivamente.
El gen del receptor de andrógenos ha sido detectado en las células
de PIN tanto en los casos tratados como en los no tratados con hormonoterapia.
. En las células de PIN AG, la tinción del citoplasma
es mas acentuada que en las de PIN BG (34).
Moléculas de adhesión celular y
enzimas proteolíticas
En el PIN, se expresan una amplia variedad de proteinas relacionadas
con la adhesión celular, mientras que en el cáncer no
se expresan. Se han observado integrinas, lamininas y colágeno
tipo VII (35,36). Tanto en PIN como en cáncer se ha detectado
qua la expresión de C-CAM está disminuida lo que sugiere
que su presencia sea de importancia como supresor tumoral (37). Por
otro lado, en PIN, al igual que en cáncer se observa un incremento
de la actividad de enzimas proteolíticas que participan en la
degradación de la membrana basal y de la matriz extracelular
tales como la colagenasa tipo IV, la catepsina D y la metaloproteinasa
9 (38,39). La presencia de estas enzimas es de gran importancia para
el desarrollo de un cáncer invasor.
Marcadores de diferenciación
En el PIN, casi todos los marcadores de diferenciación se expresan
en forma muy similar a la del cáncer. El PSA, fosfatasa ácida
prostática, y la proteina Leu-7 estan subexpresados, mientras
que otros como glucoproteína A-80, sintetasa de ácidos
grasos OA-519, antígeno Y y X de Lewis, 12-lipoxigenasa, pepsinógeno
II (PGII), activador tisular de plasminógeno (t-PA), proteina
relacionada con hormona paratiroidea, proteína pS2 inducible
por estrógenos y la proteina de unión de estramustina
están sobreexpresadas (40,41).
Antígenos del esqueleto celular
Las citoqueratinas constituyen una clase de filamentos intermedios que
son expresados por todos los epitelios por lo que rutinariamente son
utilizados para certificar el origen epitelial de varios tumores. Ha
sido ampliamente demostrado que las células basales del epitelio
prostático normal reaccionan ante los siguientes anticuerpos
monoclonales contra citoqueratinas: 903, 34bE12, KA1 y 8.12. Por el
contrario, estos anticuerpos no reaccionaron ni en las células
secretorias ni en las del carcinoma (42,43). Varios autores han observado
que en las lesiones PIN se expresan intensamente citoqueratinas (44,45).
Esta expresión es utilizada para diferenciar PIN de cáncer
(que no presenta células basales) ya que en muchos casos el patrón
citológico y morfológico es semejante. Las citoqueratinas
902, KA4, 8, 18 y 8.13 por el contrario tiñen intensamente las
células secretorias normales del acino prostático (células
luminales) y las malignas, pero muy debilmente a las células
basales (43). Esto sugiere que el cáncer se origina en las células
luminales y no en las basales. Nagle et al (46) observaron la expresión
de vimentina en las células luminales pero no en las basales.
En las células de PIN y en las de cáncer se objetivó
menor expresión que en las células normales (46).
Otros marcadores
El gen GSTP-1 sintetiza una enzima detoxificante, la Glutation S-Transferasa
que se cree actúa protegiendo a las células de la acción
de carcinógenos. Se ha observado que tanto en el cáncer
como en las lesiones PIN éste gen se encuentra inactivado por
la hipermetilación de los nucleótidos cistidina (47).
El incremento de terminales glucídicos en las proteínas
de la membrana celular es un hallazgo frecuente en las células
tumorales; recientemente se ha detectado que en las células luminales
del PIN se encuentra aumentada la expresión de TAG-72 (glucoproteína
asociada a tumor-72) que se expresa selectivamente en una variedad de
tumores (1,48). La pérdida de expresión de TAG-72 en los
tumores mal diferenciados y metastásicos sugiere que se trate
de un evento inicial en la tumorogénesis prostática.
Estas alteraciones genético-moleculares muestran similitudes
entre el PIN y el cáncer, lo que sugiere una relación
biológica entre las dos lesiones y además coloca al PIN
como una lesión premaligna.
Epidemiología del PIN
PIN en estudios autópsicos
Sakr et al de la Universidad de Wayne (Detroit, U.S.A.) realizaron un
estudio de autopsias practicadas a varones entre 20 y 80 años
de edad que habían muerto sin evidencia de cáncer de próstata
(la mayoría por causa traumática) en el área de
Detroit (11). El estudio englobaba 314 individuos de raza negra y 211
de raza blanca. Luego de ser fijadas en formol, las próstatas
fueron cortadas a intervalos de 2-3 mm de forma perpendicular a la superficie
posterior de la glándula, obteniendo entre 10 y 14 cortes que
se procesaron histologicamente. Se realizó microscópicamente
el mapeo de todas las lesiones de PIN AG y se valoró la extensión
de las mismás clasificándolas en focal (hasta 2 áreas),
multifocal (3-5 áreas) y extensa (afectación difusa).
Se observó una elevada prevalencia de cáncer latente,
que se incrementaba progresivamente con la edad en los dos grupos raciales
(tabla 1). No se observaron diferencias significativas entre las dos
razas en términos de número de focos tumorales, volumen
tumoral ni sumatoria de Gleason. Sin embargo, el PIN AG fue más
prevalente en los individuos de raza negra. Por otro lado, el PIN AG
fue más difuso, con afectación multifocal de la próstata
a una edad menor en los negros, comparados con los blancos (tabla 1).
Estos datos sugieren que el PIN AG extenso aparece aproximadamente una
década antes en los individuos de raza negra. Athanase (12) también
encontró una elevada incidencia de esta lesion (84%) en una serie
de autopsias practicadas en Brasil a individuos de raza negra y blanca,
de más de 40 años de edad. Este autor observó además
que el PIN AG difuso aparecía más precozmente en los individuos
de raza negra comparado con los de raza blanca.
| |
CÁNCER (%) |
PIN AG (%) |
PIN AG DIFUSO (%) |
| Edad |
Negros |
Blancos |
Negros |
Blancos |
Negros |
Blancos |
| 21-30 |
8 |
8 |
7 |
8 |
2 |
0 |
| 31-40 |
31 |
31 |
26 |
23 |
6 |
2 |
| 41-50 |
43 |
37 |
46 |
29 |
12 |
5 |
| 51-60 |
46 |
44 |
72 |
49 |
28 |
12 |
| 61-70 |
70 |
65 |
75 |
53 |
|
|
| 71-80 |
81 |
83 |
91 |
67 |
|
|
Tabla 1: Prevalencia de cáncer latente, PIN
AG y PIN AG difuso en la próstata de individuos de raza negra
y blanca sometidos a autopsia en el Condado de Wayne (Detroit, U.S.A,)
McNeal y Bostwick (13) detectaron que el PIN está presente en
el 82% de las próstatas de pacientes muertos por cáncer
de próstata, pero solo en el 43% de los individuos con próstatas
benignas de la misma edad. El PIN fue más extenso en los tumores
de estadio bajo, probablemente debido al sobrecrecimiento del tumor
en los estadios más elevados.
Oyasu et al (14) detectaron PIN en el 94% de las próstatas con
cáncer concomitante y en el 38% de las glándulas sin cáncer.
PIN en piezas de prostatectomía radical
Sakr et al (11) analizaron la aparición de PIN AG en una serie
de 1000 prostatectomías radicales realizadas por cáncer
de próstata entre 1990 y 1996 en el hospital Harper de Detroit
observando que los pacientes negros más jóvenes presentaban
PIN AG más difuso que los individuos blancos del mismo grupo
de edad. De la Torre et al, (15) encontraron PIN en el 100% de las piezas
de prostatectomía radical realizadas en un hospital de Suecia.
El 15% de los casos presentaban exclusivamente PIN BG. El grado del
PIN mostró una correlación positiva con el grado del cáncer
invasor, mientras que no se observó correlación entre
el volumen y el grado del PIN. Qian y Bostwick (16) detectaron PIN en
el 86% de los pacientes sometidos a prostatectomía radical por
cáncer de próstata en U.S.A.
PIN en piezas de cistoprostatectomia por cáncer
vesical
Abbas et al (17) estudiaron 40 piezas de cistectomía radical
por cáncer vesical y encontraron que en 18 casos (45%) existía
adenocarcinoma de próstata incidental y que 19 pacientes (47.5%)
presentaban PIN AG. En 4 casos (10%) el PIN era aislado, mientras que
en 15 casos (37.5%) se encontraba asociado a cáncer de próstata
invasor.
Troncoso et al (18) detectaron PIN en el 100% de los casos con adenocarcinoma
de próstata, mientras que la incidencia fue de 46% en los casos
sin cáncer concomitante. Wiley et al (19) observaron la presencia
de PIN AG en 40 de 48 pacientes (83%) a los que se les había
extirpado la glándula por una patología diferente de cáncer
de próstata. En 46% de los casos existía cáncer
de próstata incidental y en el 91% de estos casos también
había PIN AG multifocal y extenso. Por el contrario, se observó
cáncer asociado en solamente el 11% de los casos en los que no
había PIN AG o éste era focal.
PIN en biopsias de próstata
La biopsia de próstata con aguja constituye el método
más común para el estudio de una lesión sospechosa
en el tacto rectal. Hasta hace algunos años, la biopsia transrectal
digito-guiada y el abordaje transperineal eran los métodos más
utilizados; sin embargo, recientemente, la biopsia guiada con ecografía
transrectal ha ganado rápidamente gran popularidad. Por otro
lado, Lee et al (20) han demostrado que el PIN puede ser visualizado
como una lesión hipoecoica en la ecografía transrectal.
De los 248 pacientes sometidos a biopsia ecodirigida por lesión
hipoecoica, 103 casos (41%) mostraron cáncer, 118 casos (48%)
mostraron próstata normal o prostatitis y 27 casos (11%) mostraron
PIN. El tamaño medio de las lesiones con PIN fue de 1.0 +/- 0.39
cm. Este estudio demuestra que muchos casos de PIN son macroscópicos,
por lo que pueden ser detectados con ecografía transrectal. Estos
resultados han sido confirmados por Brawer (21) quien ha detectado PIN
en 15 de los 85 pacientes (17.5%) biopsiados por presentar una lesion
hipoecoica en la ecografía transrectal. Mostofi et al (22) analizaron
las biopsias practicadas a 265 varones que participaban en una campaña
de detección precoz de cáncer de próstata y que
presentaban alguna anomalía en las exploraciones practicadas
(tacto rectal, PSA o ecografía transrectal), encontrando cáncer
en 177 casos ( 67%) y PIN en 27 casos (10%). De los pacientes con PIN,
74% de los casos se asociaban con cáncer mientras que en 26%
de los casos el PIN estaba solo.
PIN en las piezas de RTU o adenomectomía
Una de las mayores series estudiadas es la publicada por Skjorten et
al (23) que estudiaron 1135 piezas quirúrgicas de próstata
obtenidas entre 1974 y 1975 y que fueron nuevamente revisadas en forma
ciega por 2 patólogos experimentados. En 731 casos se trataba
de RTU, en 325 casos eran enucleaciones transvesicales y en 79 casos
eran biopsias prostáticas. Se detectó PIN en 61% de las
piezas, siendo el PIN AG el más frecuente (52%) mientras que
en 9% de los casos se observó PIN BG. La prevalencia de PIN AG
fue de 15% en la biopsias, 50% en las RTU y 66% en las adenomectomías
por vía abierta. EL 39% de los casos con PIN grado 3 presentaban
carcinoma asociado.
La media de edad en los pacientes en los que se asociaba PIN y carcinoma
era 2.6 años superior a la de los pacientes con PIN sin carcinoma.
En nuestro país, Miján et al (24) estudiaron 135 piezas
obtenidas mediante RTU o adenomectomía detectando PIN en 20 casos
(15%) y cáncer en 6 casos (4.4%). En 14 casos, el PIN era de
bajo grado mientras que en 6 casos era de alto grado. Los resultados
obtenidos por Miján et al (24) son similares a los obtenidos
por Helpap et al (25), que encontraron PIN en el 8% de las piezas de
RTU (45% fueron PIN AG), y a los obtenidos por Epstein et al (26) con
una incidencia de PIN AG en el 15.6% de las piezas de RTU.
Localización del pin
Varios autores han mostrado que tanto el PIN como el cáncer son
multicéntricos (15,16,27-31). Brawer (29) encontró que
el PIN fue multicéntrico en 72% de las piezas de prostatectomía
radical. En el 7% de los casos estaba afectada la zona transicional
y en el 63% de los casos las otras zonas de la glándula; la afectación
era extensa y difusa en el 36% de los casos. La zona periférica,
asiento del 70% de los cánceres es también la zona donde
más frecuentemente se localiza el PIN. Mostofi et al (27) estudiando
670 casos de cáncer de próstata, detectaron PIN en la
porción externa de la próstata en el 69% de los casos
y en la próstata interna en el 2.5% de los casos. La afectación
fue difusa en el 28.6% de los casos. Qian et al (30) estudiaron 195
piezas de prostatectomía radical y observaron que en el 63% de
los casos el PIN se localizaba en la zona periférica, mientras
que en solamente el 1% de los casos afectaba la zona de transición.
La afectación era másiva en el 36% de los casos. De la
Torre et al (15) observaron PIN en la zona transicional en el 18% de
los casos, y la mayor afectación de esta zona fue reportada por
Kovi et al (31) con 37%.
Manifestaciones clínicas del pin
Síntomás
En la actualidad no existe ninguna evidencia de que el PIN tenga alguna
manifestación sintomática miccional en los individuos
que lo presentan. Esto es explicable por un lado por su reducido tamaño,
que en la serie de Qian et al (30) alcanza una media de 1.32 cm3 y por
su localización predominante en la zona periférica, alejado
por lo tanto de la uretra.
Tacto rectal
El tacto rectal es un método aceptado como diagnóstico
del cáncer de próstata, aunque el índice de detección
sea bajo, oscilando entre 0.4 y 2.5% (32-34). Los cánceres detectados
con tacto rectal generalmente son de tamaño relativamente grande,
por lo que es lógico que el PIN no pueda ser diagnosticado de
esta manera. Sin embargo, Brawer et al (35) realizaron un estudio en
el que analizaban 21 pacientes que habían sido sometidos a biopsia
prostática ecodirigida por presentar un tacto rectal anormal,
mostrando la anatomía patológica focos de PIN en todos
los casos. Aboseif et al (36) observaron que el 67% de los pacientes
con PIN en la biopsia prostática presentaban tacto rectal anormal.
Raviv et al (37) encontraron que 39 de los 93 pacientes con PIN (42%)
tenían tacto rectal anormal. Este se observó en el 36%
de los casos con PIN BG y en el 48% de los casos con PIN AG. Estas diferencias
no fueron significativas. Keetch et al (38) tampoco encontraron diferencias
significativas en la incidencia de tacto rectal anormal entre los pacientes
con PIN AG frente los pacientes con PIN BG. Se observó tacto
anormal en el 22% de los pacientes con PIN AG y en el 24% de los pacientes
con PIN BG.
Ecografía transrectal
Varios autores han mostrado que el cáncer de próstata
es indistinguible del PIN desde el punto de vista ecográfico
ya que ambas entidades se manifiestan como lesiones hipoecoicas (20-22).
La posibilidad de detectar PIN en una lesión hipoecoica oscila
entre 11% y 17.5% (20,21). Hamper et al (39) estudiaron 160 pacientes
con cáncer de próstata estadio T2 a los que se les había
practicado ecografía transrectal y que habían sido sometidos
a prostatectomía radical, encontrando PIN en 4 de 25 casos (20%)
con lesiones hipoecoicas en los que la patología no mostró
cáncer. Raviv et al (37) observaron ecografía anormal
en el 51% de los casos con PIN BG y en el 69% de los casos con PIN AG.
Considerando por separado los dos tipos de PIN, observaron que de los
pacientes con PIN BG tenían ecografía anormal el 46% de
los casos sin cáncer subsequente y el 83% de los casos que desarrollaron
cáncer posteriormente. En los casos con PIN AG, se observó
ecografía anormal en el 40% de los casos sin cáncer posterior
y en el 100% de los casos que posteriormente desarrollaron cáncer
(37). Aboseif et al (36) detectaron una lesión hipoecoica en
el 64% de los casos con PIN.
PSA sérico
Pese a que la producción de PSA es específica de tejido
prostático y no de cáncer de prostata, en el momento actual
es el mejor marcador tumoral con que contamos desde el punto de vista
clínico para el diagnóstico y estadiaje del cáncer
de próstata (40). Cuando se compara la expresión de PSA
entre el tejido normal y el PIN, se observa que está reducida
en el PIN lo que implica que existe pérdida de la diferenciación
glandular (41). Desde el punto de vista teórico, se podría
explicar la difusión de PSA celular a la sangre, debido a que
en el 56% de los casos de PIN AG existe pérdida de la capa de
células basales (8, 42). Además, la coexistencia de PIN
y cáncer en un elevado porcentaje de casos también podría
explicar la elevación de los niveles séricos.
Existe controversia entre los diferentes artículos publicados
sobre la influencia del PIN en los niveles de PSA. Porter y Brawer (43)
estudiaron la relación existente entre los niveles de PSA sérico
y las enfermedades prostáticas en 81 varones con síntomás
de obstrucción urinaria infravesical que fueron sometidos a cirugía
(RTU o adenomectomía). Los pacientes fueron estratificados en
4 grupos: hiperplasia benigna, PIN, carcinoma e inflamación aguda
de próstata. Las cifras de PSA fueron 2.1, 5.6, 35.1 y 5.6 ug/L
respectivamente. Estos resultados son similares a los obtenidos por
Lee et al (20) que analizaron pacientes sometidos a biopsia ecodirigida
por presentar tacto rectal anormal, observando que el PSA de los casos
con próstata benigna, PIN y carcinoma fueron de 4.7, 9.5 y 84
ug/L respectivamente. Por lo tanto, estos estudios sugieren que las
cifras de PSA en los pacientes con PIN son intermedias entre las de
los pacientes con patología benigna y los pacientes con cáncer.
Por otro lado Ronnett et al (44) analizaron 65 piezas de prostatectomía
radical con cáncer de pequeño tamaño (menos de
0.5 cc) encontrando que el PIN AG no se correlacionaba con el PSA sérico
o la densidad de PSA (PSAD). Weinstein y Epstein (45) encontraron elevación
del PSA en 19 de 21 pacientes (90%) con PIN AG y carcinoma, mientras
que 4 de 8 pacientes (50%) con PIN AG y próstata benigna tenían
PSA normal. Isikay et al (46) determinaron el PSA sérico en 149
pacientes que habían sido sometidos a biopsia prostática,
RTU, adenomectomía o prostatectomía radical. Según
la histología de la pieza, los casos fueron agrupados en: hiperplasia
benigna, PIN BG, PIN AG, cáncer localizado y cáncer avanzado.
Los valores del PSA no fueron útiles para diferenciar los casos
con hiperplasia benigna de los casos con PIN BG o PIN AG. Además,
el PSAD no ofreció más información que el PSA aislado.
Alexander et al (47) estudiaron 194 piezas de prostatectomía
radical determinando el PSA y el volumen del PIN AG y del cáncer.
En 170 casos (88%) coexistía PIN AG y cáncer mientras
que en 24 casos (12%) había solo cáncer. El volumen medio
del PIN fue de 1.32 cc, cifra similar a la encontrada por otros autores.
En un grupo de 93 pacientes con cáncer de poco volumen (<
6.0 cm) el volumen medio del PIN AG fue de 0.83 cc y no se correlacionó
con el PSA o el PSAD. En la serie global, con correlación univariante,
el volumen del PIN no se correlacionó con el PSAD, pero sí
lo hizo con la concentración de PSA. Luego de realizar regresión
múltiple con la finalidad de ajustar las variables: volumen prostático,
peso de la glándula, sumatoria de Gleason y extensión
extraprostática los autores observaron que el volumen del PIN
no se correlacionó con el PSA ni con el PSAD. Estos resultados
indican que el PIN no contribuye significativamente en los niveles del
PSA sérico. Keetch et al (38) no encontraron diferencias en las
cifras de PSA en los pacientes con PIN BG y PIN AG. Sin embargo, la
media de la densidad de PSA fue significativamente superior en los individuos
con PIN AG comparado con aquellos con PIN BG. Igualmente, era más
probable que los casos con PIN AG tuvieran PSAD mayor de 0.15 que los
casos con PIN BG (43% contra 19% respectivamente).
Recientemente, Tarle y Kraljic (48) determinaron el PSA total (T) y
el libre (L) a 106 individuos (45 con PIN, 30 con HBP y 31 con cáncer
de próstata). Se calculó el índice PSA T/PSA L
x 100, observándose que en los casos con PIN BG la media era
de 27.9 +/- 16.2 y la mediana de 25.1, cifra similar a la encontrada
en los pacientes con HBP (29.1 +/- 13.2, mediana 27.7). Estos valores
difirieron significativamente (p<0.01) de los observados en los casos
con PIN AG (16.9 +/- 9.0, mediana 16.5), los que fueron semejantes a
los obtenidos en los pacientes con cáncer de próstata
(14.4 +/- 10.8, mediana 12.6).
Seguimiento de los pacientes con pin
Generalmente se acepta que el hallazgo de un cáncer de próstata
sin extensión extra-glandular, en un hombre con una expectativa
de vida superior a 10 años, debería ser tratado ya que
es potencialmente curable. Por ello, para disminuir la mortalidad del
cáncer de próstata es de gran importancia el diagnóstico
precoz y la caracterización de las lesiones premalignas o preinvasoras
asociadas. En el momento actual existen claras evidencias que muestran
que el PIN AG actúa como un marcador biológico para cáncer
de próstata oculto (49). El hallazgo de uno o varios focos de
PIN en una biopsia de próstata plantea situaciones clínicas
difíciles de resolver. Por una parte, la opinión pública
se encuentra cada vez más sensibilizada por el cáncer
de próstata, por otra parte, los médicos generales han
solicitan más frecuentemente el PSA, y además se ha incrementado
el número de biopsias de próstata realizadas. Esto hace
que cada vez más frecuentemente el urólogo se deba enfrentar
al problema de manejar pacientes con PIN aislado encontrado en la biopsia
de próstata. Por ello, existe un evidente interés clínico
en difinir los parámetros que pueden ser predictores del hallazgo
de cáncer de próstata en biopsias sucesivas en pacientes
con PIN. El seguimiento clínico del PIN se puede realizar con:
1- biopsia repetida; 2- determinación de PSA; 3- tacto rectal;
4- ecografía transrectal. Sin embargo, la realización
de estas exploraciones dependerá de varios factores. En primer
lugar, de la edad y el estado físico del paciente, valorando
si se encuentra en condiciones de ser sometido a un tratamiento radical
en el caso de detectar cáncer. Se debe considerar además
el grado histológico del PIN, ya que como se demostrará
más adelante, la historia natural es diferente según se
trate de PIN AG o PIN BG. Los valores del PSA también son importantes
ya que participarán en las decisiones a adoptar. Algo similar
sucede con las anomalías observadas en el tacto rectal o en la
ecografía transrectal, ya que la presencia de una lesión
hipoecoica en la última, es un fuerte indicador de la presencia
de cáncer.
Varios autores han encontrado que el PIN AG es un importante factor
predictor de cáncer ya que cuando se realizan biopsias subsecuentes,
éste se detecta en 27-100% de los casos (tabla 2 ) (35-38,45,50-58).
Autor |
PIN Bajo grado |
PIN Alto Grado |
Meses |
|
Casos |
% |
Casos |
% |
Rango(media) |
Brawer et al (35) |
2/11 |
18 |
10/10 |
100 |
1-24 (8.8) |
Aboseif et al (36) |
2/12 |
17 |
19/24 |
79 |
6 |
Raviv et al (37) |
6/45 |
13 |
23/48 |
48 |
No consta |
Keetch et al (38) |
4/21 |
19 |
19/37 |
51 |
Inmediata |
Weinstein et al (45) |
- |
- |
10/19 |
53 |
No consta |
Bostwick et al (50) |
- |
- |
81/200 |
40.5 |
Inmediata |
Ellis y Brawer (51) |
0/9 |
0 |
5/5 |
100 |
1-38 (15) |
Davidson et al (52) |
- |
- |
35/100 |
35 |
1-41 (7) |
Langer et al (53) |
2/5 |
40 |
13/48 |
27 |
Inmediata |
Raviv et al (54) |
- |
- |
23/48 |
48 |
3-6 |
Berner et al (56) |
- |
- |
14/37 |
38 |
Hasta 96 |
Markham (58) |
3/23 |
13 |
13/32 |
41 |
(18) |
Tabla 2. Detección de cáncer en biopsias
subsecuentes en pacientes con PIN aislado.
Brawer et al (35) detectaron cáncer en el 57% de los casos sometidos
a una nueva biopsia de próstata luego de diagnosticar PIN en
la biopsia inicial. La segunda biopsia se realizó a una media
de 8.8 meses de la primera. Existieron diferencias significativas en
el hallazgo de cáncer según los pacientes tuvieran PIN
BG o PIN AG en la biopsia inicial. Se detectó cáncer en
el 18% y 100% de los casos con PIN BG y PIN AG respectivamente. Las
cifras de PSA no alcanzaron diferencias entre los casos con PIN BG (media
7.1 ug/L) o PIN AG (media 9.8 ug/L) en la biopsia inicial. Sin embargo,
en los casos con cáncer en la segunda biopsia, el PSA medio fue
de 11.5 ug/L, mientras que fue de 1.4 ug/L en los casos en los que la
segunda biopsia no mostró cáncer. Raviv et al (55) encontraron
que la media de PSA en los pacientes que posteriormente desarrollaron
cáncer fue de 14.5 ug/L, mientras que la media de PSA en los
casos sin cáncer fue de 8.15 ug/L y estas diferencias fueron
estadísticamente significativas (p< 0.05). Keetch el al (38)
observaron que ninguno de los 6 pacientes con PIN (3 PIN BG y 3 PIN
AG) y PSA normal tuvieron cáncer al repetir la biopsia. En la
serie presentada por Davidson et al (52), la presencia de PIN fue más
efectiva en la predicción de cáncer posterior en los casos
con PSA elevado que en los casos con PSA normal. El 90% de los casos
con PIN y PSA elevado mostraron cáncer antes de 2 años.
Del mismo modo, la presencia de PIN fue más predictora de cáncer
en los casos mayores de 65 años que en los casos menores de 65
años.
Aboseif et al (36) observaron cáncer en la segunda biopsia en
el 58% de los casos con PIN en la biopsia inicial, mientras que el 42%
restante presentaban persistencia del PIN. El porcentaje de cáncer
en los pacientes con PIN BG fue de 17%, cifra similar al 18% observado
por Brawer et al (35), al 19% observado por Keetch et al (38) y al 13%
observado por Raviv et al (37). Estos resultados encontrados en los
pacientes con PIN BG son comparables con los observados por Keetch et
al (38) y por Davidson et al (52) en los casos con próstata normal
en la biopsia inicial de 19% y 13% respectivamente. Esto significaría
que los pacientes con PIN BG no tendrían mayor riesgo de desarrollar
cáncer en la biopsia repetida que los varones estudiados por
presentar valores de PSA persistentemente elevados.
Aboseif et al (36) encontraron además que el grado del PIN en
la biopsia inicial se correlacionó con el hallazgo posterior
de cáncer ya que el 79% de los casos con PIN AG en la biopsia
inicial mostraron cáncer durante el seguimiento. El valor predictivo
positivo para el PIN AG fue de 93%, cifra similar a la observada por
Weinstein y Epstein (45). Otro elemento a considerar son las características
que tienen los cánceres encontrados durante el seguimiento de
pacientes con lesiones PIN. Markham et al (58) observaron que en ninguno
de los casos con PIN AG que posteriormente mostraron cáncer,
el tumor fue bien diferenciado. Los 23 pacientes estudiados por Keetch
et al (38) en los que se detectó cáncer en la biopsia
repetida tenían tumores clínicamente localizado y en 16
de los 17 tratados con prostatectomía radical (94%), el tumor
estaba confinado a la glándula en el estudio patológico.
Por el contrario, Brawer et al (35) observaron que de los 7 pacientes
con cáncer en la biopsia repetida que fueron tratados con prostatectomía
radical, la anatomía patológica mostró que el tumor
estaba localizado en 3 casos, mientras que en los 4 restantes existía
invasión capsular (pT3).
Raviv et al (55) analizaron la incidencia de cáncer en la biopsia
repetida de pacientes con PIN en la biopsia inicial, según los
niveles de PSA. Ningún paciente con PIN BG y PSA < 4 ug/L
presentó cáncer en la segunda biopsia, mientras que éste
se observó en el 33% de los casos con PIN AG y PSA <4 ug/L,
siendo las diferencias estadísticamente significativas (p<0.01).
Esto significa que, si se utilizaran solamente los niveles de PSA como
método de ayuda para la detección precoz del cáncer
de próstata, los pacientes con PSA < 4ug/L y PIN AG quedaría
sin diagnóstico. En los pacientes con PSA entre 4 y 10 ug/L la
incidencia de cáncer fue de 10.7% en los casos con PIN BG y de
38% en los casos con PIN AG (p=0.02). Si el PSA era > 10 ug/L la
incidencia fue de 43% en los casos con PIN BG y de 62% en los casos
con PIN AG, sin embargo las diferencias no fueron estadísticamente
significativas probablemente por el escaso número de pacientes
en ese grupo. La PSAD no aportó más información
que la aportada por el PSA aislado. Langer et al (53) ha sido el único
autor que ha encontrado una elevada incidencia (40%) de cáncer
en la biopsia subsequente en los individuos con PIN BG en la biopsia
inicial. Sin embargo, el número de casos estudiado fue de solamente
5 pacientes.
En líneas generales el seguimiento de un paciente con lesiones
PIN se debería realizar a intervalos entre 3 y 6 meses durante
2 años y luego anualmente durante el resto de la vida. Existe
acuerdo entre los diferentes autores (36,53-57) en que los pacientes
con PIN AG, independientemente de los valores de PSA se sometan a nueva
biopsia en un plazo de 3 a 6 meses. Si además del PIN AG se detecta
elevación del PSA y ecografía transrectal y/o tacto rectal
anormal la biopsia se debería repetir inmediatamente ya que la
posibilidad de encontrar cáncer asociado es cercana al 90%. Langer
et al (53) sugieren que en los casos con PIN AG, la nueva biopsia sea
dirigida al sitio donde se localizaba el PIN y además se practique
un muestreo de toda la glándula. En los casos con PIN AG y PSA
>10 ug/L la biopsia también se debería repetir inmediatamente
aunque el tacto rectal y la ecografía transrectal sean normales.
En los pacientes con PIN BG y PSA >10 ug/L se debe repetir la biopsia
de próstata en 3 a 6 meses, aunque la ecografía transrectal
o el tacto rectal sean normales, no por el hallazgo del PIN BG sino
por la presencia de PSA elevado. Cuando se encuentra un paciente con
PIN BG y PSA inferior a 4 ug/L la posibilidad de que ese paciente presente
cáncer es muy baja por lo que el seguimiento se debe realizar
como en cualquier varón mayor de 50 años, con PSA y tacto
rectal anual. La situación que presenta más controversia
es la de un individuo con PIN BG y PSA entre 4 y 10 ug/L. En estos casos,
la posibilidad de detectar cáncer posteriormente es similar a
la de un individuo seguido por presentar solamente elevación
del PSA (entre 10 y 19%) (35-38,58). El seguimiento se debería
realizar con tacto rectal y PSA en 6 meses y si se observan cambios
en estas variables, realizar nueva biopsia.
Tratamiento de la neoplasia prostática
intraepitelial
Aunque existe una estrecha asociación entre PIN AG y el cáncer
de próstata invasor, existe acuerdo generalizado en que no se
debería realizar tratamiento radical hasta que se haya demostrado
claramente el carcinoma (10,29,59). El diagnóstico de PIN no
debería influir o marcar decisiones terapéuticas. Sin
embargo, Häggman et al (28) refieren haber realizado prostatectomía
radical a 13 pacientes que presentaban PIN aislado (no especifican grado)
en la biopsia preoperatoria. En todos los casos se encontró cáncer
invasor en el estudio patológico de la pieza. En algunos casos
el volumen del tumor era mínimo mientras que en otros el volumen
tumoral era significativo.
Efecto del Tratamiento hormonal y la radioterapia
en la neoplasia prostática intraepitelial
En los últimos años, varios autores han utilizado tratamiento
hormonal previamente a la realización de prostatectomía
radical con la finalidad de reducir el estadio y volumen tumoral y la
incidencia de márgenes positivos (60-62). Además del efecto
sobre el tumor, se ha detectado una marcada diferencia en la prevalencia
y extensión de PIN AG en los casos tratados con deprivación
androgénica comparado con los casos sin tratamiento. Ferguson
et al (63) estudiaron las piezas de prostatectomía radical de
48 casos con tumores en estadio T3, 24 casos sometidos a hormonoterapia
neoadyuvante y 24 casos que actuaron como grupo control. Se observó
la presencia de PIN AG en el 50% de los casos tratados frente a 83%
de los casos no tratados (p=0,014). Además, se observó
PIN AG mayor de 2 campos de máximo aumento en 21% de los casos
tratados y en 67% de los no tratados (p=0.002). No se observó
correlación entre la duración del tratamiento y la presencia
o ausencia de PIN AG. Estos hallazgos indican que el epitelio prostático
displásico es hormono dependiente. En el epitelio prostático
normal, las células secretoras del acino son más sensibles
que las células basales a la ausencia de andrógenos, y
los resultados de Ferguson et al muestran que las células de
PIN AG comparten esa sensibilidad a los andrógenos. La pérdida
de células epiteliales normales y displásicas con el tratamiento
hormonal se debe probablemente a la aceleración de la muerte
celular programada (apoptosis) (64).
Montironi et al (65) observaron que tras el tratamiento hormonal durante
3 meses se habían producido cambios tanto en la zona de transición
como en la periférica. En la primera detectaron simplificación
de los lóbulos glandulares, con disminución del tamaño
de los acinos y los ductos y con la presencia de una capa basal prominente.
En la zona periférica, observaron dilatación de ductos
y acinos circundados por un epitelio atrófico y aplanado. Tanto
el tejido normal como el PIN y el cáncer mostraron retracción
del núcleo, condensación de la cromatina y aparición
de cuerpos apoptóticos. Tampoco se observaron mitosis en ninguno
de los tejidos prostáticos descritos.
Civantos et al (66) detectaron hasta un 35% de reducción del
PIN en los casos tratados con flutamida y leuprorelina, mientras que
en los casos tratados con finasteride los cambios fueron menos pronunciados.
Vailancourt et al (67) y Armás et al (68) también observaron
una reducción significativa en la prevalencia de PIN en los casos
tratados hormonalmente antes de la prostatectomía radical. Hellström
et al (69) estudiaron 38 pacientes con cáncer de próstata
clínicamente localizado tratados de forma neoadyuvante con el
análogo de LH-RH triptorelina observando que, aunque se encontró
PIN en el 65% de las piezas de prostatectomía radical, el volumen
del mismo fue muy pequeño, menor de 0.5 ml en todos los casos.
Es importante que, si se han aplicado tratamientos hormonales neoadyuvantes,
los patólogos sean informados del mismo en el momento de recibir
la pieza de prostatectomía radical, ya que los cambios producidos
por el tratamiento afectarán no solo el reconocimiento y el grado
histológico de los tumores, sino también el reconocimiento
de las lesiones PIN, cuyo diagnóstico se centra en las anomalías
nucleares (70).
Existe solamente un estudio que valora los efectos de la radioterapia
sobre las lesiones PIN (71). Estos autores analizaron las piezas de
prostatectomía radical de 46 pacientes que habían presentado
recidiva local luego de haber sido sometidos a radioterapia radical
con intención curativa una media de 5 años antes. Se observó
PIN en el 70% de los casos, cifra similar a la encontrada por otros
autores en pacientes no tratados con radioterapia. La distribución
de los patrones del PIN fue también semejante a la de los casos
no tratados. Sin embargo, el número medio de focos de PIN, fue
menor en los casos con radioterapia comparando con los casos no tratados
(7 focos con radioterapia y 17 focos sin radioterapia). Estos resultados
sugieren que el PIN AG no es más sensible a la radioterapia que
el cáncer invasor, incluso, existe la posibilidad que el PIN
AG sea menos sensible que el cáncer.
Quimioprevención del PIN
Si como se ha establecido previamente, el PIN es un precursor del cáncer
invasor, su eliminación, reducción o retardo en aparición
, llevará a la reducción paralela del cáncer (72).
La quimioprevención del PIN es una estrategia diseñada
para inhibir o revertir el proceso de carcinogénesis con la administración
de uno o varios agentes naturales o sintéticos. La mayoría
de los agentes potencialmente utilizables en la próstata han
sido identificados gracias a su efecto sobre otros tumores epiteliales,
como por ejemplo los análogos de la vitamina D. La incidencia
de cáncer de próstata se incrementa a medida que aumenta
la distancia al ecuador de la tierra, lo que sugiere que la falta de
vitamina D puede jugar un papel importante en la tumorogénesis
prostática (73). Otros agentes con efecto demostrado sobre las
células prostáticas son: vitamina A y su metabolito activo,
el ácido retinoico, retinoides sintéticos (tretinoin,
isotretinoin, fenretinide) (74), inhibidores de la síntesis de
poliamina (difluorometilornitina, DFMO) (75), TGG-beta (transforming
growth factor-beta). Las características del agente quimiopreventivo
ideal son: 1- debe reducir de manera significativa el desarrollo del
tumor; 2- debe carecer de toxicidad a corto o largo plazo; 3- facilidad
de administración; 4- barata, ya que se debe administrar durante
muchos años (76).
Los agentes más prometedores para la quimioprevención
del PIN son los antiandrógenos (77). Ya ha sido ampliamente demostrada
la acción de estos fármacos sobre el epitelio normal,
las lesiones PIN y el cáncer invasor; por ello, la disminución
de los niveles intraprostáticos de andrógenos puede jugar
un papel muy importante en la quimioprevención. Los inhibidores
de la 5-alfa reductasa (finasteride) reducen los niveles de dihidrotestosterona
(principal andrógeno intracitoplasmático) en un 70-80%
(77). Una de las principales ventajas del finasteride es su muy baja
toxicidad, por lo puede ser utilizado durante mucho tiempo y cumple
muchos de los requisitos que debe tener un agente para poder ser utilizado
para quimioprevención. Aunque su eficacia no ha sido todavía
probada en ensayos clínicos, el hecho que los hombres con deficiencia
intrínseca de 5-alfa reductasa no desarrollen cáncer de
próstata es un elemento de peso a su favor. Otra de las ventajas
del finasteride es que su efecto puede ser medido con la simple determinación
de los niveles séricos de PSA, ya que se ha demostrado una importante
reducción tras el tratamiento prolongado (78).
Todas las evidencias acumuladas a favor de la utilidad del finasteride
como potencial agente de quimioprevención ha llevado a que el
Instituto Nacional del Cancer de U.S.A iniciara un estudio prospectivo,
randomizado, comparando finasteride (5 mg/día) contra placebo
durante 7 años y que reclutará 18.000 varones mayores
de 55 años (79). El punto final del estudio será el desarrollo
de cáncer de próstata, por lo que se realizará
biopsia a todos los participantes al final del período de estudio.
El seguimiento se realizará anualmente con PSA y tacto rectal,
realizándose biopsia si se observan anomalías. Este estudio
permitirá detectar una disminución del 5% en la aparición
de cáncer con un poder estadístico del 90%. Finalmente,
la forma ideal de reducir la mortalidad por cáncer es la prevención
de la enfermedad, como en el momento actual, no conocemos completamente
la patogenia del cáncer de próstata, la quimioprevención
aparece como el método más probable para reducir su incidencia.
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